martes, 4 de marzo de 2014

De tendencias, diferencias y otros culpables varios.

Leo un artículo hoy en una revista que habla de la forma en que se puede llegar a destrozar literalmente lo diferente. Alternativo es el concepto de la diferencia, no de la tendencia. Y me he puesto a pensar en las muchas formas que hay de ir desterrando, poco a poco a veces, y drásticamente en la mayoría de los casos, aquello que nos hace diferentes, lo que nos dota a cualquiera de nosotros de personalidad. Lo mejor a lo que se puede recurrir a la hora de poner un ejemplo de cualquier tema es irse a lo conocido, a lo que más cerca tenemos. En este caso, en nuestro caso, ese ejemplo es, como no, la música, el rock, el son de Clave de Sol, desde la perspectiva del origen del programa. No surgió directamente pensando en lo alternativo,  pero sí en lo diferente. Diferencias musicales las hay tantas como músicos o más, pero de la diferencia de la que yo quiero hablar es de otra. Es de la forma en que la tendencia se come a la diferencia
en casi todo lo relativo a dotar de más protagonismo en los medios, en las pasarelas de moda absurda en la que se ha convertido la radio, solo algunas por supuesto, la televisión, y hasta la prensa escrita. Quizá el asunto esté mal enfocado y esto sea así desde los albores de la escritura, pero eso no es impedimento para que nos llame la atención el descaro con que se hace actualmente. Hay profesionales que se permiten el lujo de afirmar en la cara de todos los espectadores, oyentes, lectores,
que a un grupo, solista, músico lo venden porque a ellos les da la gana (con otra expresión, pero así de fuerte). Por amasar cantidades ingentes de dinero para unos pocos, se deja de apostar por muchos creadores. Trabajar de esa forma es beneficioso para todos. Pues yo creo que no, que sigue siendo beneficioso siempre para los mismos, para esos pocos, pero a esos pocos se les escucha tocar, cantar y por supuesto hablar. No se puede coger la lanza de la cultura y de la música en nombre de cualquiera, de tantos a los que ni se escucha su música ni su voz. Porque esto es plural como la vida misma, y porque los conceptos que maneja la mayoría de quien trabaja por la cultura día a día no coinciden casualmente con los que tienen los artistas de papel, los vendedores de cantidades mareantes de discos. Ellos no deberían nunca decir que el mundo de los derechos de autor está prostituido, ni erigirse en defensores antipiratería casera. Ellos saben por qué quienes decimos esto lo estamos diciendo. Y nosotros también, claro. Pero el problema en este caso no son ellos únicamente, son los lobos de las finanzas publicitarias, entre los cuales incluyo a los medios de comunicación, los que alientan que esto en lugar de decrecer se esté convirtiendo en un gigante. ¿Cómo puede asimilar un artista que dedica más de una jornada al día a crear, a ensayar, a grabar, a viajar de un pueblo a otro, que One Direction, Auryn, Justin Bieber, y demás correligionarios lleguen directamente desde la nada a ocupar portadas, a reventar radios, y hasta ser recomendados en un periódico deportivo? Así se comienza, o se comenzó una carrera dificil de detener. Así se termina comiendo la tendencia a la diferencia. Nos plantea el autor del artículo al que hago referencia. Javier Ortiz, estudiante de periodismo en la Universidad de La Habana, para más señas, un ejemplo. Nos habla de lo fugaces que son los movimientos como el Nu Metal, del que ya hablamos en Clave de Sol, que al final terminan convirtiéndose, si no de la mano de los mismos grupos de la mano de otros que siguen esa estela,  en un artículo distinto. El artículo se llama Linkin Park y La Muerte del Rock Alternativo. Nos habla de cómo se puede comenzar lanzando propuestas diferentes en un momento en el que el fantasma de Kurt Kobain, Nirvana, Guns y otros muchos, merodeaba en forma de New Grounge, com así lo hizo Linkin Park, con sus pelos cortos y vistiendo como les daba la gana, hasta que con el tiempo terminaron queriendo componer música en el siglo veintiuno bien avanzado como si viviesen en los años setenta del veinte. Y es que no se puede abusar de fórmulas que tuvieron su razón de ser y sobre todo de ser diferentes en su época, como por ejemplo las intros en forma de discurso, el abuso de melodías claras que disfracen el ruido de las guitarras pesadas por el hecho de a quien le pueda molestar, o mejor dicho, el hecho de "a ver si nos nos va a comprar discos todo el mundo". Es un ejemplo que a nosotros nos ha servido para hablar sobre la diferencia entre la tendencia y la diferencia en un momento en el que nos planteamos si nosotros mismos como programa de radio no habremos caido o estaremos cayendo en el mismo error. A día de hoy creemos que no, o al menos eso nos cuentan los músicos que pasan por el estudio y quienes escuchan Clave de Sol. No permita el gran Yah que caigamos en la tentación. Que para volverse gilipollas hay aún tiempo de sobra más adelante.