martes, 4 de marzo de 2014

12 Años de Esclavitud. Música negra para la realidad.

Cuando la ficción supera a la realidad. El juego peligroso de palabras que puede sembrar la confusión de quien admirado por un arte se deja llevar cada día con más ahínco por el falso confeti de las campañas de publicidad. Es obvio que en esta ocación no solo hablemos de la doble moral de la publicidad, por que es aún más simple, hablaremos de música, cine y de como jugar con los oídos del espectador. 
Gran gala la de los Oscars de este año. Grandes premiados como en otras ocasiones. Decepciones y alegrías. Sorpresas más o menos esperadas. Pero de destacar es el hecho de que Alfonso Cuarón con Gravity fuese galardonado como mejor director con una puesta en escena brutal, una apuesta por la estética y la funcionalidad económica de fórmulas como hacer cine en espacios cerrados, por muy abiertos que parezcan o las tres dimensiones. Música, BSO´s originalísmas, rock, música electrónica y casi todos los géneros se han tocado en este año cinematográfico a nivel de la Academia americana.
Pero hay uno, uno que ni siquiera es un género, la música negra le llaman muchos, que está según nosotros, por encima de todos ellos este año. Razones creemos que nos sobran para afirmar esto. Si ya se por sí, 12 Años de Esclavitud, de Steve McQuenn, es una apuesta arriesgada por ser un producto británico compitiendo en EE.UU, por ser un film basado en una historia real y por tratar una temática en la que el verdugo ha tenido casi siempre un papel beneficiado como es la esclavitud, lo es más aún por usar en gran parte eso que llaman música negra.
El uso de estos ritmos se debe, según críticos a un afán comercial que al final termina convirtiéndose en algo sin lo que la película no hubiese podido sobrevivir. Porque no se puede hablar de este tema sin echar mano a las primeras canciones protesta contra la esclavitud, que fueron las mismas que se usaron contra el Apartheid, y las mismas que en la época de Martin Luther King. Bien sea por una razón u otra o por mis más, la música mereció un capítulo aparte en esta obra de arte. Hans Zimmer, que desde el violín de "Devil´s Dream" para empezar,  hasta la libertad como único final en "What does The Freedom Man" como broche final, regala a quien vea la película o escuche su sonido un recorrido por los sentimientos tanto del espectador como del protagonista en un intento conseguido de dotar el ambiente de la sala con una especie de sincronicidad entre ambos. Con "Drava Men" de Alabama Shakes, nos asoma a los cánticos que fuesen en su día la única forma de protesta de los esclavos negros a manos de sus torturadores. Jazz que arranca de un ambiente solitario como un campo, y a golpe de latigazos. Más de lo mismo con My Lord Sunshine, con voces que surgen desde los más profundo de la indignación y de la Madre Tierra que lo observa todo. También en este caso a ritmo de látigo pero a cappella. Más dolorosos aún los golpes. Así podemos seguir durante un rato, en el que podríamos mencionar desde Alicia Keys, Gary Clarck Jr, y al Roll Jordan Roll, un espiritual a cargo de Topsy. Todo esto para contar que se trata de una colección de música, de canciones que rozan lo más espectacular del eclecticismo y superan con creces la predisposición con que el público se enfrentaba a priori ante 12 Años de Esclavitud, que bien sea por dotar a la historia de un transfondo de protesta contra el régimen esclavista, por pura imagen o por lo demás que queramos pensar y escribir, ojalá nos quede el sabor de boca fantástico de haber pensado por un rato también en el detalle de que es la historia de un músico libre que secuestrado y sometido a la esclavitud. Quizá, a la segunda vez que la veamos entendamos más al creador de la banda sonora y de paso demos un repaso a los órganos del oído y la sensibilidad y les concedamos el lujo de pensar que la música negra no tiene porque serlo. Que solo es lo que sale de las almas de los oprimidos y también de quien escapa del yugo.