miércoles, 5 de marzo de 2014

La suerte de llamarse Springsteen. Desempolvando Canciones.

Me contaba un amigo hace tiempo, director de una bebida refrescante muy conocida, que le invitaron a un concierto. Estando en la cola para entrar con su ticket vio acercarse hasta la puerta de acceso al campo de fútbol donde se iba a celebrar el evento a un hombre de unos cincuenta años con el pelo enmarañado, con una cazadora de cuero, pantalones vaqueros rotos, y que pretendía acceder sin la reglamentaria entrada. Me contó que uno de los guardias de seguridad le pidió su entrada y él le dijo que no tenía a lo que el guardia respondíó con otra pregunta: ¿Quién es usted para querer entrar gratis? -I´m The Boss- contestó él, -pues aquí pagan hasta los jefes-. El hombre de la cazadora de cuero, el pelo enmarañado y los pantalones rotos no era otro que quien actuaría en un rato, era Bruce Springsteen. Había decidido salir a dar un paseo sin escoltas e intentar entrar por la puerta de acceso para el público.
Esto puede ser un mito, algo que se inventó mi amigo o que le contasen sin ser del todo verdad, pero sirve en este caso para definir una de las carcterísticas vitales de El Jefe, la humildad. Hizo lo que le mandó el guardia, se fue, y entró por camerinos. Esa es la grandeza de ser grande, una máquina de construir canciones. Springsteen no es muy dado a conceder entrevistas. Mejor dicho, no es que las odie pero casi. Y en una ocasión hace bien poco, conincidiendo con la promoción de su último trabajo "High Hopes" se le presentó la invitación de la revista Rolling Stone, a la que tras pensarlo un tiempo dijo que sí. Eran más de cincuenta minutos para el redactor, más de cincuenta minutos al final. Nunca se ha dicho si Bruce estuvo del todo cómodo, pero lo que sí se sabe es que el enviado de la revista aún anda presumiendo y pellizcándose el rostro. Resultó ser aquello no solo un cuestionario a cerca del disco recién lanzado, fue un aunténtico bombardeo sobre su historia, las giras de siempre, la gira alrededor de lo recién creado. Justo la peor forma de enfocarlo, pero claro, la labor de un periodista pasa por ahí. Y, como digo, más de cincuenta minutos aguantó. Bruce afirma que a la hora de terminar este trabajo "High Hopes" buscaba algo heterogéneo, como las pinturas que tenía en su estudio, muchas sin terminar. Y a la vista está que ha vuelto a acertar con la mezcla. Parece que conforme transcurre la conversación se va descongestionando algo. Del tema que cierra el disco toma trozos, casi entero, para explicar la relación con las pinturas y con la música que ha escuchado siempre, y argumenta con toda la tranquilidad del mundo que se podría decir que es una canción que empezó a componer hace más de quince años y que la terminó un par de meses antes de la entrevista. Que es fruto de darse casi por vencido cuando la intentó terminar hace tantos años. "Ghost of Tom Joad" se llama esta otra adoración al rock más personal de este monstruo, mito, o casi. Olé Mr. Springsteeen. Siguen hablando. Una curiosidad acecha a la hora de afronter el tema manidísimo en Clave de Sol como es hablar de las canciones compuestas que no se incluyen en los discos nuevos pero que se guardan en un cajón. Cuenta al periodista que sí, que lo ha hecho muy a menudo por que las cosas hoy no tienen sentido pero con el tiempo lo recuperan. Un ejemplo fueron unos temas que componía paralelamente con "Philadelphia", similares encuanto a contenido pero con unos loops de batería mucho más abruptos, mucho más rockeros. Así con mil cuestiones más. Profesionalidad es poco, arte también lo es, sencillez, y lo atractivo de lo cálido de gran parte de sus temas en conjunción con la faz patriota y reivindicativa de lo social, lo natural y la defensa a la naturaleza. Un personaje imperdonable el no admirarlo. Como decíamos con Paco de Lucía, este hombre va a terminar convenciendo al que no entienda de música de que es lo mejor del mundo y volver loco cada día más al que sí sabe. A fin de cuentas, y al final, siempre está uno a tiempo para darse una vuelta por Madrid y querer colarse sin pagar la entrada. Siempre está uno a tiempo de volver a ser normal o lo más parecido a cuando vimos el mundo por primera vez. Un saludo. God Save The Boss.