jueves, 20 de febrero de 2014

Sangre y Cebolla.

Quizá la publicación de hoy hubiese sido otra, y seguro que mucho más personal, pero hemos puesto Las Nanas de la Cebolla en el programa esta noche para hablar desde la historia de hasta donde llega la censura en la música y en la cultura y no he podido evitar plagiar a Miguel Hernández, y hacerlo a conciencia y literalmente. También me ha dado la impresión de que el artículo de la censura se quedó algo falto de alma para la que yo le quería poner. Y también por que no es la primera vez que escuchaba lo que un oyente nos decía a través de correo esta noche. Nos cuenta que hay canciones que directamente le activan y que no tiene porqué ser una canción alegre. Pues por eso, porque esta noche tanto el tema como la música me ha activado he querido dedicar este escrito de nuevo a la censura cultural, y sobre todo a esta tan actual y tan sibilina que viene a veces hasta disfrazada de libertad. No lo hemos podido evitar. Nos hemos llevado de la revista la idea de la censura para la radio y ahora es la radio la que nos devuelve el tema disfrazado de Miguel Hernández. Un privilegio el hecho de poder contarnos entre los admiradores de la vida y obra de Miguel. "La cebolla es escarcha cerrada y pobre. Escarcha de tus días y de mis noches. Hambre y cebolla, hielo negro y escarcha grande y redonda. En la cuna del hambre mi niño estaba.
 Con sangre de cebolla se amamantaba. Pero tu sangre, escarchada de azúcar, cebolla y hambre. Una mujer morena resuelta en luna se derrama hilo a hilo sobre la cuna. Ríete, niño, que te traigo la luna cuando es preciso. Alondra de mi casa, ríete mucho. Es tu risa en tus ojos la luz del mundo. Ríete tanto que mi alma al oírte bata el espacio. Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca. Boca que vuela, corazón que en tus labios relampaguea. Es tu risa la espada más victoriosa, vencedor de las flores y las alondras Rival del sol. Porvenir de mis huesos y de mi amor. La carne aleteante, súbito el párpado, el vivir como nunca coloreado. ¡Cuánto jilguero se remonta, aletea, desde tu cuerpo! Desperté de ser niño: nunca despiertes. Triste llevo la boca: ríete siempre. Siempre en la cuna, defendiendo la risa pluma por pluma. Ser de vuelo tan lato, tan extendido, que tu carne es el cielo recién nacido. ¡Si yo pudiera remontarme al origen de tu carrera! Al octavo mes ríes con cinco azahares. Con cinco diminutas ferocidades. Con cinco dientes como cinco jazmines adolescentes. Frontera de los besos serán mañana, cuando en la dentadura sientas un arma. Sientas un fuego correr dientes abajo buscando el centro. Vuela niño en la doble luna del pecho: él, triste de cebolla, tú, satisfecho. No te derrumbes. No sepas lo que pasa ni lo que ocurre".