sábado, 15 de febrero de 2014

Persecuciones musicales de ayer y hoy.

Es lamentable, pero aún muchos echan de menos el poder que ostentaba la censura musical en los años del franquismo, y algunos después también, aunque más encubierta y disfrazada. Fue tan brutal el poder de que se apropió aquel ilegítimo gobierno que hasta pudo llegar a obligar a los Rolling Stones a hacer nuevas portadas para sus discos, como pasó con Sticky Fingers porque en la portada aparecía Joe Dallesandro con un vaquero que dejaba entrever los calzoncillos, cambiar letras, estribillos y mil detalles más. 
Esta herramienta tuvo vida oficialmente en 1966 y fue D. Manuel Fraga Iribarne el dueño y señor de la ley como flamante ministro de información y turismo. Hubo productores, músicos e importadores que intentaron burlar, y algunos lo consiguieron este aparato represor usando la imaginación, pero de nuevo los casos se convirtieron en aislados, por no decir obligados al olvido. Los que sí trabajaban incansablemente eran los departamentos de diseño de las empresas españolas. Destrozar "Quadrophenia", vestir a las protagonistas de una portada de The Who, de John Lennon eran el día a día de una fábrica de matar arte que no paraba de tener a quien hacérselo. 
Eso por no hablar de música
que no podía ni siquiera escucharse. Era otra historia fuera de nuestras fronteras. En Inglaterra, Francia, Estados Unidos y la mayoría de países que no estaban pasando por procesos de represión se fabricaba música que venía precisamente a expresar la rabia de quien ponía puertas al campo, pues eso era lo que en España se estaba haciendo. Quién sabe. Hay quien dice que los discos de Jethro, de Janis Joplin que llegaban sabían a gloria dentro del armario que había que guardarlos bajo llave después de escucharlos y haber llorado con ellos o por los que no podían llegar. No se libraban del filtro ni grupos españoles aparentemente sumisos con el régimen como Los Brincos. Se mataba literalmente por incultura discos y canciones que lo que hacían era criticar regímenes a los que el franquismo temía como el ruso. Aunque no termina en 1975 el asesinato. Simplemente con bautizar una composición con el nombre de Sofía se estaba cometiendo un acto impuro. Los años ochenta han pasado a la historia como la época de la liberación en todos los sentidos, pero tampoco hemos de olvidar que, aunque en menor escala, también existen ejemplos que hablan de la mala digestión que hace la música a quien ostenta el poder, fuera ya de un signo político y otro. Se me ocurren varios ejemplos que se dieron en la primera época de gobierno socialista bajo la batuta de Felipe Gonzáles, pero el que me martillea la mente y que me causa risa floja es el de Cuervo Ingénuo de Javier Krahe, canción que se prohibió en televisión española durante un tiempo no precisamente corto. "Tú decir que si te votan, tú sacarnos de la OTAN,....", "Tú mucho partido pero, no es socialista ni obrero, es españos solamente". Razón de sobra para eliminar la creación de tal soniquete.
No podemos terminar este corto relato sin conceder su ocasión a la actualidad, pues aunque parezca un asunto ya pasado, nada más lejos de la realidad. Prohibiciones de festivales, de conciertos, incluso de música en la calle ha sido y sigue siendo, disfrazando los casos de falta de seguridad, de problemas de agenda, y poniendo palos en la rueda de los héroes que se atreven a iniciar cualquier actividad cultural relacionada con la música sospechosa, casos de violencia contra la sociedad. Como afirman muchos compañeros de prensa gráfica está pasando al rincón de lo inaudito lo que sucede hoy en día con determinados momimientos sociales y la música que, o bien llevan aparejada, o bien surge de los mismos. Madrid quizá sea el mejor ejemplo de esto de lo que hablamos. Recuerdo un festival que tuvo lugar en Madrid el año pasado, El Irreductibles Fest con Los Chikos del Maíz y Habeas Corpus. Baste un comunicado de la organización a tres días del festival como resumen de que lo que decimos aquí no es un soliloquio de Clave de Sol sacado de la falta de escribir sobre otra cosa: 
"Cuando faltan a pernas 3 días para que se celebre el concierto, se nos ha informado desde la sala Rock Kitchen que por presiones de la polidía municipal de Madrid quedan suspendidos tanto el concierto de Soziedad Alkoholika del viernes como el Irreductibles Fest del Sábado. Una vez más queda claro que aún hoy no interesan los grupos con conciencia política, demostrándose una vez más que la libertad de expresión es para quien la pueda pagar. Ejemplos de ellos son: ABC, La Razón, Intereconomía, Libertad Digital,.."
Sirva este único ejémplo como bandera de tantos y tantos festivales en tantos y tantos lugares que se han cancelado por orden de las altísimas autoridades.
Y sirvan para seguir poniendo ejemplos la prohibición tanto musical como de otro tipo de espectáculos Prohibir a Manu Chao tocar en la calle, o a Leo Bassi hablar,....
Y vaya desde Clave de Sol la mayor patada dialéctica a quienes aún hoy en día consideran un peligro la parte de la libertad de manifestación y expresión de esa otra masa de la sociedad,.....