Es esta la enésima vez que se escribe sobre Woodstock 69, pero Clave de Sol no puede pasar a la historia como el único medio que no lo ha hecho. Mucho se ha dicho, se ha criticado constructiva y destructivamente, pero nosotros en este caso lo que pretendemos es rendirnos a los pies de tres chicos que no llegaban ni a los veinticinco años de edad. Esos tres jóvenes eran Michael Lang, Artie Kornfeld y Joel Rosenman y a ellos fue a quienes se les ocurrió la idea del festival como medio para recaudar lo suficiente para poder crear un estudio de grabación en el mismo Woodstock con la intencion de grabar a parte de los grandes del rock de la época, entre ellos, y por poner un ejemplo, a Bob Dylan y a Eric Clapton. La idea a priori puede resultar con el paso de casi cincuenta años descabellada para algunos, y para los más aficionados a la desconfianza una treta de alguna compañía discográfica o estudio de grabación a gran escala que usaron a Michael, Artie y Joel como vulgares chivos espiatorios para seguir con el oficio de la explotación masiva de todo lo explotable. Con la opinión de unos y de otros y el paso de estos años tenemos que rendirnos ante la evidencia de que terminó siendo así, y de que aún ahora, en la actualidad los mismos o sus herederos siguen obteniendo pingües beneficios con el copyright como si todo aquel espectáculo les hubiese pertenecido. Lo cierto es que los organizadores tardaron más de diez años en recuperar el dinero que al final terminaron invirtiendo. La escalofriante cifra, para hacer los años que hace del evento, e incluso ahora, asciende a más de tres millones de dólares de inversión. Reseñar a esta altura que la cantidad de patrocinios, de donaciones y de inversiones de capital privado así como los créditos fueron los que sumaron esa cantidad. Menos escalofriante resulta la de beneficios, alrededor de un millón y medio.
Por allí pasaron Jimmy Hendrix, Joe Cocker, John Sebastian, Janis Joplin, Joan Baez, Santanta, Creedence Clearwater Revival, The Who, Johnie Winter, pero también quedaron muchos invitados sin pasar, como fueron John Lennon, The Jeff Beck Group, grupo al que pertenecía Rod Stewart, una banda heavy como los Iron Butterfly. Sucedieron anécdotas que están escritas y que a más de uno y de dos les ha dado por destacar en detrimento del auténtico espíritu del festival, como por ejemplo que hubo dos muertos en los tres días (casi cuatro) que duró, también que terminó convirtiéndose en una batalla campal cuando en realidad todo fue producto de un éxtasis común, aspecto que a muchos les resulta grotesco. También hubo bandas que se quejaron de que el escenario era demasiado alto y que sufrían de vértigo. Reseñar uno de los momentos más curiosos como fue que un granjero de la zona que tuvo que entretener durante más de dos horas a la gente congregada realizando ejercicios de Yoga por que una banda llegaba tarde,...
Todo esto solamente para recuperar algo de lo que fueron tres días de paz y música, para que no se duerma la memoria, porque no consideramos conveniente guardar en cajones muy profundos acontecimientos que marcaron una época y sobre todo una forma de concebir la realidad diferente hasta entonces, una forma de concebirla basada en la ananquía pacífica, el cuidado, el respeto y la protección del medio ambiente y en una propuesta definitiva por el cambio del sistema capitalista que imperaba en el mundo y que por cierto sigue siendo dueño y señor de todo cuanton nos rodea.