domingo, 19 de enero de 2014

Sara, botones para el traje del jazz.


Alguna ventaja tendría que tener vivir en estos tiempos de internet, pantallas de plasma, i pad, i pod y demás aparatos aparentemente diabólicos. Una de ellas es que poder volver a enamorarte de viejas voces rotas, de música de negros (música clásica negra le llamó algún día alguien), otra es poder tener el lujo
de no tener que echar de menos esas voces, esos quejidos melosos, más o menos nasales, más o menos rotos o agudos, graves o tiernos. El lujo del que yo hablo tiene nombre, y tiene nombre de música: Sara Jazz.


¿Alguien recuerda el significado de la palabra versatilidad?. A mí me gusta el blues de taberna, de cabaret, me gusta explorar el Jazz.
Sara acompañada por una banda digna de ser envidiada en los círculos, en todos los círculos de la música, impregna como nadie el ambiente de Jazz, pero puede cantar cualquier cosa, y punto.
Lugares sobre el arco iris y canciones de cuna, sueños que se sueñan y que es cierto que se vuelven realidad detrás del arco iris. Quien purde decir que no conoce esta canción. A mí al menos ya de por sí me transporta a la calma, la profundidad, y porqué no, a los colores de una época en la que voces como la de Sara Jazz invitaban como susurros a sentarte, y poco después elevarte unos centímetros por encima del suelo de madera, y levantarte poseído por ese sonido más que mágico, el sonido de la soledad, de la compañía, del movimiento tanto eterno como fugaz. 
A esta voz le pueden agregar instrumentos eléctricos, y rock, pero lo que yo, al menos tengo claro es que con su colaboración el jazz nunca morirá. Cierto es que la mayoría de las voces ligadas al jazz son femeninas. Ahora falta saber si Sara respondería al porqué de esa pregunta como lo hizo Sara Vaugham en una ocasión: Buena pregunta, francamente nunca me había puesto a pensar en ello. 
Momentos sociales estos en los que quien ama el Jazz se arriesga no solo a interpretar, sino a componer, a arreglar son los que quedan agarrados a la memoria convirtiéndose aún sin querer en un gran botón en este traje que comenzaron Billy Holiday, Nina Simone, Jean Lee, y muchísimo mas cerca pero no por ello menos profundos quejidos melosos, agudos, graves y tiernos, Sara, varios botones para el traje que viste ni más ni menos que El Jazz.