Un
día de regalo. Eso es lo que muchos pensamos después
de ver a Distrito Bohemia encima de un escenario y tener la
suerte de poder brindar con champán por las grades
ocasiones de hoy y mañana, en fin, de siempre. Algo hay en el
ambiente que es de otra forma, de hecho a mí que no soy fácil de
transportar me trasladaron a los grandes años ochenta,
a aquel nuestro país, España, donde se creía que otra televisión era posible,
que un solo músico era suficiente para provocar en el público escaso de oportunidades esas sensaciones de ser partícipe al lado de alquien que está, o puede estar empezando a cambiar tu vida. Parecido al gran espectáculo de Melquíades.
Tan parecido resultaba entonces como lo es ahora, estos tiempos de brindar con gasolina y comer ladrillo como lo estamos haciendo. Musicalmente tendremos ocasión de tenerles muy pronto por nuestros estudios, pero por intentar definirles un poco a través de las sensaciones que uno tiene cuando escucha cualquiera de sus composiciones, os diré que su música se puede interpretar como a cada cual le de la gana. Así lo pienso y lo digo yo. Te puede llevar desde el más ortodoxo mundo de la música celta, pasando por el punk, el soul, y el folk-rock como afirman ellos mismos al sitio menos esperado ese rincón de la música que aún está por explorar. Quizá estemos delante de alguien, que como a aquella Banda Trapera del Río de finales de los setenta le tenga alguien que venir a poner un nombre a lo que hacen. "Cambiemos nuestra actitud para poder cambiar el mundo y dejar a quienes siembran el mal y la injusticia con un palmo y medio de narices". Carlota a la batería y voces, Juanma G. Morris al bajo, Pitxu Méndez a la guitarra y las voces también, y El Chulo Bohemio, seguirán brindando con champán tanto por esto como por lo otro.
a aquel nuestro país, España, donde se creía que otra televisión era posible,
que un solo músico era suficiente para provocar en el público escaso de oportunidades esas sensaciones de ser partícipe al lado de alquien que está, o puede estar empezando a cambiar tu vida. Parecido al gran espectáculo de Melquíades.
Tan parecido resultaba entonces como lo es ahora, estos tiempos de brindar con gasolina y comer ladrillo como lo estamos haciendo. Musicalmente tendremos ocasión de tenerles muy pronto por nuestros estudios, pero por intentar definirles un poco a través de las sensaciones que uno tiene cuando escucha cualquiera de sus composiciones, os diré que su música se puede interpretar como a cada cual le de la gana. Así lo pienso y lo digo yo. Te puede llevar desde el más ortodoxo mundo de la música celta, pasando por el punk, el soul, y el folk-rock como afirman ellos mismos al sitio menos esperado ese rincón de la música que aún está por explorar. Quizá estemos delante de alguien, que como a aquella Banda Trapera del Río de finales de los setenta le tenga alguien que venir a poner un nombre a lo que hacen. "Cambiemos nuestra actitud para poder cambiar el mundo y dejar a quienes siembran el mal y la injusticia con un palmo y medio de narices". Carlota a la batería y voces, Juanma G. Morris al bajo, Pitxu Méndez a la guitarra y las voces también, y El Chulo Bohemio, seguirán brindando con champán tanto por esto como por lo otro.
