Revista Clave de Sol. Jose Martínez.
Quizá George pudo haber sido más místico, más trascendente y algo más importante en The Beatles, pero muchos pensamos que de haber sido así nunca nos hubiéramos podido emborrachar de sus montes de creación. Estamos convencidos de que fue algo más que un guitarrista.
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| George Harrison. |
Pero llega ‘A Hard Day's Night’ -quizás
uno de los solos más influyentes de la historia- y adorna con
elegancia ‘Can't Buy Me Love’, también del ‘64, asumiendo un
papel secundario, pero siempre aportando profundidad. También de esa
época, en rigor de 1963, asoma el elegante solo de Harrison para la
canción ‘Till There Was You’.
Harrison
era un fanático declarado del guitarrista Carl Perkins (pionero
rocanrolero de la factoría de Sun Records y autor de Blue Suede
Shoes) y fue por eso que su primer sonido estuvo más ligado al
country que al blues
que definiría su estilo, ya en la madurez
musical de The Beatles y en el despegue de su carrera solista con All
Things Must Pass (1970). Sin embargo, exploró antes que ningún
colega de las seis cuerdas las posibilidades de la distorsión
guitarrera. Taxman (1966), por ejemplo,
adelanta un sonido que el trío británico Cream, a quienes se les atribuye un rol clave en la evolución del rock duro, empezaría a explorar recién a partir de su segundo disco, “Disraeli Gears” (1967).
adelanta un sonido que el trío británico Cream, a quienes se les atribuye un rol clave en la evolución del rock duro, empezaría a explorar recién a partir de su segundo disco, “Disraeli Gears” (1967).
Lo
otro fue la elección de sus instrumentos. Aunque partió equipado
con distintos modelos de la marca Gretsch y amplificadores Vox,
George Harrison marcó el rumbo de muchos guitarristas como Roger
McGuinn, de The Byrds, con el sonido de la Rickenbacker de 12 cuerdas
que ocupó para “A Hard Day’s Night” (1964). Fue un sello
“beat” que la prensa británica calificó como “el arma secreta
de The Beatles”, tan definitorio como el timbre de la Fender
Stratocaster que ocupó para la grabación de “Rubber Soul”
(1965) y que se distingue claramente en ‘Nowhere Man’. Por cierto
que fue en ese mismo disco donde tocaría cítara en ‘Norwegian
Wood’.
Lo
notable del asunto es que todo esto lo hizo uno que postergó su
vanidad para trabajar en silencio. Calladito, como hacen los
artesanos y los que saben que la mejor forma de crecer es
concentrarse en lo que importa. A diez años de su partida, George
Harrison todavía nos da clase.
