viernes, 13 de junio de 2014

Menos místico. George Harrison, Algo más que un guitarrista.

Revista Clave de Sol. Jose Martínez.

Quizá George pudo haber sido más místico, más trascendente y algo más importante en The Beatles, pero muchos pensamos que de haber sido así nunca nos hubiéramos podido emborrachar de sus montes de creación. Estamos convencidos de que fue algo más que un guitarrista.

George Harrison.
Una pronta academia en The Beatles en Hamburgo, entre 1960 y 1962, debió aclarar las cosas claras al que era el más joven del grupo, que junto a Lennon y McCartney solo trascendió al papel de la guitarra rítmica.  Tenía que esforzarse si quería empezar a meter canciones propias en los discos de la banda.Tuvo también que buscar protagonismo frente a un compañero de banda como McCartney, que además era un gran bajista de poses y actitudes revolucionarias.
Pero llega ‘A Hard Day's Night’ -quizás uno de los solos más influyentes de la historia- y adorna con elegancia ‘Can't Buy Me Love’, también del ‘64, asumiendo un papel secundario, pero siempre aportando profundidad. También de esa época, en rigor de 1963, asoma el elegante solo de Harrison para la canción ‘Till There Was You’.
 Harrison era un fanático declarado del guitarrista Carl Perkins (pionero rocanrolero de la factoría de Sun Records y autor de Blue Suede Shoes) y fue por eso que su primer sonido estuvo más ligado al country que al blues
que definiría su estilo, ya en la madurez musical de The Beatles y en el despegue de su carrera solista con All Things Must Pass (1970). Sin embargo, exploró antes que ningún colega de las seis cuerdas las posibilidades de la distorsión guitarrera. Taxman (1966), por ejemplo,
adelanta un sonido que el trío británico Cream, a quienes se les atribuye un rol clave en la evolución del rock duro, empezaría a explorar recién a partir de su segundo disco, “Disraeli Gears” (1967).
 Lo otro fue la elección de sus instrumentos. Aunque partió equipado con distintos modelos de la marca Gretsch y amplificadores Vox, George Harrison marcó el rumbo de muchos guitarristas como Roger McGuinn, de The Byrds, con el sonido de la Rickenbacker de 12 cuerdas que ocupó para “A Hard Day’s Night” (1964). Fue un sello “beat” que la prensa británica calificó como “el arma secreta de The Beatles”, tan definitorio como el timbre de la Fender Stratocaster que ocupó para la grabación de “Rubber Soul” (1965) y que se distingue claramente en ‘Nowhere Man’. Por cierto que fue en ese mismo disco donde tocaría cítara en ‘Norwegian Wood’.
 Lo notable del asunto es que todo esto lo hizo uno que postergó su vanidad para trabajar en silencio. Calladito, como hacen los artesanos y los que saben que la mejor forma de crecer es concentrarse en lo que importa. A diez años de su partida, George Harrison todavía nos da clase.