viernes, 30 de mayo de 2014

DOME: Estados musicales, anímicos. Profundidad musical.

Todo el mundo pasa por estados emocionales diferentes cuando descubre que los estados emocionales existen. Hasta ese momento uno simplemente siente. 

Conocimos a DOME porque ellos confiaron en un medio como este, o quizá porque confían en los medios simplemente. Compartimos a DOME con vosotros, o al menos esa fué y sigue siendo nuestra intención. DOME no es ni más ni menos que una cúpula, algo grande sí, pero también pequeño y sensible a la vez. Como hacen muchos cracks en prensa musical, grandes críticos de los que sangran los bolsillos de los creadores por hablar. ¿He dicho hablar? Perdón quería decir copiar y pegar. Como hacen muchos de estos eruditos de las letras no es como hacemos nosotros. Clave de Sol intenta bucear y volar en los sonidos, en la mayor cantidad de notas posibles, de cada músico que da el paso de contar con nosotros para enriquecernos con su presencia. DOME es eso, es algo grande. Dejádme que os cuente algo para intentar definir la música de DOME sin usar términos científicos. Cuando yo era más joven entré por primera vez a un lugar, a una sala. Vamos, un bar de copas. El "Fallstaff" de Úbeda. Al entrar noté algo parecido a música, Y digo parecido porque era mejor. No recuerdo quien sonaba, pero de lo que no he podido olvidarme nunca es de que la música alli se podía masticar, acariciar, se podía mecer y luego soltar. Flotaba el sonido. Anduve un buen rato intentando encontrar un adjetivo para definir aquello y el que más cercano a lo que yo sentía se me ocurrió fué "profundo". Así es el rock
melódico, el indie, el pop rock de los noventa (llamádle como queráis) que sale de la conjunción de Morlanes, quien a base de ritmos de guitarra y algo más, y una voz que roza lo insultantemente personal, dota de una atmósfera elevada al disco, Clemente, un monstruo de las cuatro cuerdas, rock and roll puro sudando por cada poro, Juan Vera, una guitarra solista que se explica por ella misma a través de sus dedos a base de cadencia, de simbiosis con el instrumento, a base de sensibilidad y Ramón, un batería loco por el doble pedal y adaptado a la perfección hasta el punto de volverte loco para saber a quien se parece, profesional y mimetizado con las baketas. Así es el sonido DOME. Así es "Domehouse", el primer disco de esta banda que solo lleva un año tocando junta. Es enriquecedor también zambullirse en el disco, en el libreto, una pieza redonda que simula un Vinilo, una pieza única desde la portada, donde la vida aparece como potencialidad absoluta, donde los sonidos madres se adivinan desde la lejanía. No deja de ser un hecho sentirse atrapado por la tentación de recordar a REM, a Prefab Sprout, a Red Hot, pero tampoco es pequeña la tentación de preguntarse donde está el límite de la poesía bien construida en las letras, en los versos métricamente perfectos, y en el sentido crítico, literario y musical, y de contestarse aquello de que la música no entiende de idiomas. Un disco que hubiese firmado el primero en que estéis pensando ahora mismo. Larga Vida a la Vida, a la Cúpula,....a DOME.