domingo, 9 de marzo de 2014

Festivales alternativos. Héroes anónimos.

Organizar un festival es un gran ejercicio creativo en sí.

L´Armita Rock XI. Marzo 2014.
No son buenos tiempos para la lírica. Nunca lo han sido para dederminadas expresiones artísticas, pero si sumamos las características únicas que nos ofrecen los tiempos que vivimos obtendremos casi todos los ingredientes para cocinar un plato que bien se podría llamar en este caso, como organizar un festival y no morir en el intento. No hemos venido aquí para hacer un panegírico en defensa de nada que no se pueda defender. Leía esta mañana un artículo sobre la creatividad, sobre las peculiaridades que presenta un ser creativo con respecto al que lo es algo menos. Resulta curioso observar, con el beneplácito de autores como Rollo May, Hauffman y alguno más, que las características que unen son más que las que desunen esto que nos es más que otra forma más de ser uno mismo, y que esto a lo que llamamos creatividad funciona de una forma misteriosa y paradógica. Este artículo corrobora lo que llevamos pensando durante mucho tiempo y que nos atrevemos a decir pocas veces por evidente que parezca.
Definir qué es un acto creativo es fácil, es crear, es sacar de la nada algo que parecía inexistente, pero que lo único que faltaba para estar vivo era que alguien huviese observado, anotado y unido los hilos precisos para que cobrase vida, para que se mostrase. Organizar cualquier evento cultural es un gran ejercicio de expresión creativa en sí. Organizar un festival de música, de rock, de blues, de flamenco, no es cosa que esté al alcance del primer iluminado, y no lo digo ya por nada en concreto, sino porque además de contar con la idea, a la hora de plasmarlo en la realidad, quien tiene la idea, lo esctructura y lo planea, además debe prepararse a librar una batalla de la que todo el mundo no sale victorioso. Preparar un festival es un ejercicio de heroicidad como pocos. Es ilusión, superación, ganas de demostrar que por muy acíagos que sean estos tiempos no se puede permitir que se muera lo que dota a este mundo de sentido. Sin ese afán de querer superarse a cada paso sería imposible luchar contra la guerra de instituciones enfrentadas no solo a la idea de la manifestaciónen sí, sino también en el momento o momentos en los que a la hora de exigir un mínimo de requisitos legales, de seguridad, y más, la lucha se vuelve por momentos encarnizada. Y no hay batalla entre las instituciones en sí -concejalías con ayuntamientos, Comunidades Autónomas con ayuntamientos y con el aparato legal del Estado, de este con estas y estos y de aquellos con los otros-, la batalla siempre tiene una cabeza de turco que suele ser siempre quien crea, sobre él o ellos van dirijidos los "sí", pero "no", los "no, pero si hablas con la delegación lo mismo,...", los "pero quien te ha mandado aquí,..". Pero lo que sí que hay es una predisposición clara por parte de los estamentos de los que hablamos es a colgarse medallas cuando las cosas fruto de la lucha y de vencer a la desesperación y más demonios, salen bien, y a derramar cantidades ingentes de críticas cuando algo falla, por poco que sea. Con todo esto, por poco que parezca, hemos reunido ya los ingredientes de los que yo hablaba para considerar a quienes crean de la nada una manifestación cultural más, que no solo sirve para demostrar que por mal que vengan dadas aún nos queda sangre para seguir aquí, sino también para hacer ver que luchar contra otro tipo de "problemas" sería aún más productivo para la sociedad en general que convertir a los creativos en héroes.