Quizá porque anoche trabajé hasta tarde me he enterado ahora del fallecimiento de Concha García Campoy. No lo he dudado ni décimas de segundo y me he puesto a escribir enseguida. Tantas lineas he escrito como he tirado a la basura. No he sido capaz de plasmar ni una sola palabra mía. Creo que es demasiado el respeto hacia ella. Por eso, y después de romper el enésimo papel, me he puesto a rebuscar algo ya escrito que reflejase como me siento hacia ella. Y lo que he encontrado ha sido esto.
Es un artículo de EL PAÍS, de hace muy muy muy poco tiempo. Horas. Con él os dejo. Y con un abrazo enorme a todo el mundo de la televisión, de la radio, y a su familia. Pero el más grande es para tí, Concha, por que: ¡¡¡COMO ME CUESTA HOY HABLAR EN PASADO!!!Concha ha sido -¡¡¡cómo me cuesta hablar en pasado!!!- una de las grandes de la comunicación: con su dicción precisa y preciosa se hacía transparente frente a las cámaras o los micrófonos, que transmitían fielmente lo que ella era: una gran profesional, una gran periodista, una gran persona.Concha se comía la pantalla, como luego se comió el micrófono de la SER cuando arrancó en 1988 A Vivir que son dos días, el programa de nombre imposible que sacudió las mañanas de los fines de semana, que hasta entonces olían a naftalina y a enlatado. Con Javier Rioyo y Lorenzo Díaz crearon, innovaron y conquistaron un territorio nuevo para la radio. La radio siempre fue su gran pasión: recuerdo cómo le brillaban y le sonreían los ojos cuando, 20 años después, me tocó a mí pilotar el A Vivir: "¡Cómo vas a disfrutarlo!", me auguraba (y qué razón tenía). Sabía ser maliciosa y juguetona cuando la ocasión era propicia: siempre fue una gran entrevistadora.En la radio había dado sus primeros pasos profesionales, y tanto en la SER, como en RNE, Onda Cero o Punto Radio, Concha García Campoy dio cancha a su versatilidad como periodista navegando entre la información dura, las entrevistas -broncas o amables-, las tertulias y la tensión del directo. En Tele 5, con La Gran Ilusión y junto a Luis Alegre, supo destacar el talento y los valores del nuevo cine español, lejos de los clichés a los que siempre había estado asociado en la pequeña pantalla: su compromiso con el cine adquirió notas más personales cuando conoció a quien sería su último compañero, el productor Andrés Vicente Gómez, que ha vivido a su lado este año y medio terrible. Tocó otros palos: recuerdo su scoop en Babelia con la entrevista que le hizo en 1992 a Sofía de Grecia: "Es difícil hacerse con la realidad", le dijo entonces la reina.Ya fuera bajo las luces de un plató de televisión, o en la penumbra de un estudio de radio, Concha era tan rigurosa y responsable en el fondo como elegante y calma en las formas. Respetuosa y cálida con sus colegas, sabía inyectar en su gente el entusiasmo con el que vivía su profesión. En el equipo del informativo matinal de Tele 5 -su último trabajo- todavía recuerdan con estupor el día en que les anunció que su cansancio de las últimas semanas -nadie lo había percibido- era consecuencia de la leucemia que acaban de diagnosticarle. Le hizo frente con fuerza y ánimo, pero esa historia, y el mazazo final, ya la conocen.
Recuerdo las palabras de Luis Mariñas cuando nos presentó, hace años: "La quiero como si fuera mía", dijo con ternura. Luego descubrí que no era el único: era inevitable acabar queriendo a Concha como algo tuyo. Yo, además, la admiraba: se ha ido una de las mejores.

