domingo, 24 de marzo de 2013

Punk, ska, SENSACIONES. Así de grande es esto.








Desenfoque en Rock In. 

Uno de esos días difíciles de olvidar. El punk un estilo denostado por la mayoría del público, pero adorado por la gente que ama todo lo que tiene que ver con la protesta, con la música y con lo que se sale de lo habitual de la forma más directa y contundente.

Pero ese público que lo aparta no solo aparta el punk, si no todo lo que no esté relacionado con los cánones estéticos a los que el cine de las grandes producciones hechas comedias americanas. Esa gran masa que vive de la opulencia y la sensibilidad, y que en la mayoría de los casos viven eternamente preparados para ser engullidos por el sistema, que no solo rechazan lo que no entienden si no lo que les gustaría entender y no pueden.
Difícil olvidar reencontrarse con músicos conocidos del programa que evolucionan a velocidad de vértigo. Difícil también entender como algunos de ellos no están arriba. Pero también es complicado asimilar como lo absurdo también se adueña a veces de un espacio no violento, de un escenario, y más aún intentar sin conseguirlo saber quién les alienta.  
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Abokajarras y Grito de Rabia. 
Aún así, era lunes, un lunes de puente para la mayoría y las expectativas de afluencia y económicas empezaban a cumplirse también pronto.
El equipo se reúne en el patio  alrededor de las seis de la tarde y de lo primero que somos conscientes 
es de que no hemos estado allí en momentos que no merecía la pena perderse. Arañazo, Abokajarras, Atxo Etxale Apio se nos escaparon.
Y aunque conseguimos hablar durante un buen rato con ellos haciendo gala no solo de relación con la radio de la banda si no de la amistad. No es poco conocer a alquien a través de la radio y conseguir que te consideren su amigo  y tú a ellos. 

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 La fortuna de gozar de sencillez o el don de enseñarla. 
La Jauría del Vicio.

La Jauría del Vicio, una jauría que se atreve a musicar una obra de Bukovsky, es algo que cuesta trabajo no detenerse a contemplarlos. Tanto trabajo cuesta que cuando nos damos cuenta ya están comenzando a bajar. Quiero verles, y quiero que me cuenten como van de ánimos con el último disco que acaban de publicar: El Laberinto de los Cobardes. Evolución en letras mayúsculas. “Gracias hombre”, me dicen, cuando les felicito por la evolución. Así de simple. Hacer grandes viejos temas con el nuevo trabajo. 
Proyecto Pollo. 

A Proyecto Pollo pudimos tenerles en la anterior temporada, pero el calendario que se les vino encima tras la publicación del disco fue algo que ni ellos esperaban. Un rock, punk, a veces tranquilo, a veces revolucionario, pero que siempre guarda un hueco importante para decirnos que nada es incompatible con el humor. Sus letras cargadas de sátira nos invitan a encarar esta y otras situaciones que puedan sobrevenirnos con otra cara como mínimo

Como cuando venías del cole esperando algo diferente y estaba. 


El Koño de la Barnarda. 
 La sorpresa para mí vino de la mano de Fran (bajista y cantante de TAS).
“Guarda los diez minutos que necesitamos los músicos para regresar al mundo real después de bajar de un escenario pero no te pierdas, te quiero presentar a alguien, a unos músicos de la vieja escuela, de esos que te gustan”
De esas veces que no puedes dejar de pensar por un instante que parece que has vuelto veinte años o más hacia atrás. A aquella época en que la televisión daba cabida a experiencias musicales que marcaron a varias generaciones. 

Quien subió después de ellos fue la excepción. Hay casos en que uno se queda sin energía sin explicación, pero esa hora, las once y media de la noche, y con este grupo en el escenario, mi sensación era, no de haberla perdido, si no de que algo me había robado gran parte de la energía que tenía. 
Sensa Yuma.
Si se puede hablar de una banda que haya sorprendido por desconocida en estos lares, por cultura musical y por recordar tanto al punk británico de los setenta, como al americano, como al primer español, esa fue Sensa Yuma.  La lucura musical elevada a superior expresión. Un público entregado andaba dando saltos entre el estupor y la sorpresa que aquellos ingleses teñidos de amarillo nos estaban proponiendo. 


Y llegó la hora. Kante Pinrélico en su tierra, su ambiente, su gente. El mito del punk cartagenero que en su día, allá por los años ochenta y noventa competía con las bandas más conocidas del panorama nacional. Letras cargadas de sentido y de rebelión, de humor y de inconformismo, de una forma de decir: “no nos olvidéis que nosotros de vosotros aún no lo hemos hecho”. “Soy de Cartagena, soy de Cartagena, no puede conmigo ni la peste negra”. Más que una canción un himno que retrata las condiciones de los obreros de las minas y de la industria salvaje que un día se instaló cerca del puerto y que aún nos echa el aliento en el cogote.












Un lleno para terminar estos cuatro días cargados de emociones, de recuerdos también y de ganas de que fiestas como esta llenen los corazones que se vacían cada día a causa de la sinrazón de los saqueos masivos de políticos sin escrúpulos, banqueros que sobran, que roban, y una justicia que cada vez es más difícil juzgar.

HASTA EL AÑO QUE VIENE. PUEBLO. UN PLACER HABEROS CONTADO ESTO QUE OTRA VEZ AÑADO, HA SIDO UNA FIESTA, LA FIESTA DE LA MÚSICA EN CARTAGENA.